Animación 3D, VFX y cine
desde dentro de la industria.
¿Quién no tiene ideas? ¿A quién no se le ha pasado alguna vez por la cabeza la frase «podría escribir un libro» después de algún suceso o una serie de sucesos anecdóticos? O «podría hacer una película de esto». Al final tomas la decisión. Escribirás esa gran historia, harás una película, un libro, un cortometraje… Le darás vida a esa idea, a esa anécdota, pero te pones, y no sabes ni por dónde empezar.
Trabajas en ello y no sabes darle forma, no logras conectar, ¿por qué? Hay cientos de miles de historias que pueden o no ser parecidas a la tuya ahí fuera, y, sin embargo, no consigues sacarla adelante. ¿Por qué? ¿Por el temor a la hoja en blanco? ¿No sabes cómo continuar? Es muy común pensar «me falta algo» y no saber qué es o cómo conectar tus ideas de forma lineal y con sentido.

Escribir no es fácil. Requiere tiempo, dedicación, insistencia, constancia, disciplina e investigación. Y la peor parte: ser consciente de que estarás más horas corrigiendo y autocriticando tu trabajo injustamente de lo que realmente pasarás escribiendo el primer borrador, pero cuando lo tengas es posible que sea una de las cosas de las que más orgulloso te sientas en la vida. ¿Cómo pasamos de la peor de tus pesadillas, una simple línea, una idea solitaria, a tener una historia de principio a fin?
Empieza trazando un mapa conceptual. El centro de ese mapa es tu idea. Tu idea puede ser de cualquier tipo o forma, puede salir en base a un dibujo, unas palabras escritas, el título del proyecto que tienes en mente, cualquier cosa. De esa base inicial salen mínimo cinco ramas en diferentes direcciones, cada rama es una pregunta que debes responder.
La primera es ¿qué quieres escribir? ¿Comedia? ¿Infantil? ¿Misterio? ¿Terror? Es importante tener claro el género y crear sus personajes y trama en consonancia. Por ejemplo, si yo quisiera hacer una historia de acción apocalíptica para adolescentes, tengo que crear personajes con los que los mismos adolescentes puedan identificarse. No digo que sea imposible, pero las probabilidades de que un adolescente conecte con un especialista «tacticool» de cuarenta años llevando el peso de la acción y la historia, por muy bien diseñado que esté, son drásticamente más bajas que si pongo en su lugar a un adolescente de su mismo rollo.
A la hora de responder esta pregunta hay que tener muy claro nuestro «target» y dónde encasillaríamos nuestra historia. Por supuesto, decidir el género no es algo que pueda ser blanco o negro. No por encasillar tu historia en el romance quiere decir que ya no puede aportar nada más que la trama romántica. Puede ser también drama o comedia, del mismo modo que una película de acción también puede aportar romance, comedia, misterio… El género principal es su base y ningún género es mejor o peor que otro, así que decidas lo que decidas, no dejes que eso sea lo que valore tu historia. Esta es solo la primera etiqueta, solo una base.
En la segunda rama responderemos dónde y cuándo transcurre nuestra historia. ¿Cuál es su tiempo? ¿Fue en 1800? ¿Actual? ¿Es un futuro que no llegaremos a ver próximamente? Y lo segundo: ¿es real?, ¿distópico?, ¿fantasía? Es tan complicado crear un mundo de cero como hacer uso del mundo real y actual que todos conocemos. Cada historia tiene sus retos y complicaciones.
Por supuesto, crear un mundo de cero necesita mucho trabajo de creatividad. Puede ser algo más simplificado, como trabajar en una distopía, o un solo mundo que use nuestras mismas creencias y lenguajes, como podría ser, por ejemplo, el de Coco con su más allá, o el de Los increíbles basado en nuestro mismo mundo, pero con superhéroes y tecnologías molonas. O puede ser un mundo mucho más complejo, sin ninguna conexión a la realidad, que requiera de la creación de un lenguaje diferente, o muchos, creaciones de fes y religiones para nuestros personajes o para conducir la acción. Todo ese trabajo puede, o no, verse reflejado activamente en la historia, pero es esencial que tú como autor y creador lo conozcas al dedillo, lo necesitarás para justificar cada paso que den tus personajes según avance la historia.

Como he dicho, usar el mundo real tal y como lo conocemos también tiene sus dificultades, ya no tanto a nivel creativo, pero sí más técnico, y más hoy en día, que todos tenemos acceso a internet. Por supuesto, puedes meter locales y marcas ficticias en tu historia, pero si vas a ambientarla en un lugar real (como Madrid, Nueva York o Japón), asegúrate de conocer bien el sitio, estudiar sus costumbres, cultura, su forma de actuar y relacionarse para plasmarlo. Pueden parecer nimiedades, pero da veracidad y enriquece tu historia.
Nadie quiere leer comentarios sobre tu historia tipo «Aquí pone que tardó 3 días en llegar de Barcelona a Madrid del tirón cuando se tardan 6 horas» o«el reloj de pulsera no se inventó hasta 1875, la descripción de tu personaje es inverosímil». Creedme, ese tipo de gente existe, así que, aunque es fácil tener un desliz, estudiad mucho las zonas y fechas que necesitéis en la historia.
La tercera rama a responder es la del narrador. ¿Cómo vas a contar tu historia? ¿Quién la va a contar? Los modos más comunes son la primera o tercera persona. Y dentro de estas también hay varios modos de enfocarlo. En la primera persona lo más común es que sea el propio protagonista quien narre su historia, es quien nos introduce en la trama, con quién viajamos y con quien avanzamos paso a paso.
También está la primera persona en la que el narrador cambia, dejando que cada personaje se presente por sí mismo, y nos guíe a través de su experiencia. De este modo, tienes que señalar muy claramente quién está narrando en cada momento y desarrollar muy bien tus personajes. En primera persona, los personajes son dianas para el espectador para ver sus fallos, defectos o flaquezas, por lo que tiene que ser un personaje que empatice, para bien o para mal, porque van a tener que aguantarlo durante toda la historia. ¿Cuántas veces os habéis dejado un libro o una peli a medias porque no os gusta el protagonista, por qué no conectáis o por qué no es creíble? Probablemente más veces de las que queráis aceptar. Sed conscientes de esto: no nos gusta todo y no todo lo que gusta a los demás es de nuestro agrado. A veces, simplemente, no eres el target.
A veces no está dentro de tus exigencias y eso no convierte el libro en malo o la película en peor, puede que simplemente no fuese tu momento y dejarlo a medias está bien porque el propósito de toda historia, sea el formato que sea, es hacerte disfrutar, evadirte o entretenerte, no obligarte a pasarlo mal durante noventa minutos. La narración en primera persona también tiene límites e inconvenientes.
El espectador no va a conocer más allá del punto de vista del personaje, de modo que su objetividad, acciones, motivaciones, punto de vista, etc. se verán delimitados por el personaje que lo representa. En primera persona también está el conocido como narrador testigo. Es el personaje que solo te cuenta y sabe lo que ve, escucha, piensa y siente. Todo lo que pasa es también bajo su punto de vista, lo que aporta credibilidad a la historia, pero peca de no dejar conocer bien a los personajes principales, sus motivaciones o su personalidad.
Por otro lado, existen dos tipos de narradores en tercera persona: el omnisciente y el observador. El omnisciente es el Dios que todo lo ve, sabe y oye, mientras que el observador, no es ningún personaje de la historia, por lo tanto, no tiene las limitaciones de la primera persona en contar la historia desde un determinado punto de vista, solo muestra lo que ve como si se tratase de una cámara de cine y no conoce ni el pasado ni el futuro de los personajes. Es una narración neutra, pero el desconocimiento hacia los personajes, sus pensamientos o sus sentimientos dificulta que empaticemos con los personajes.

En este punto del mapa ya tenemos la base de la historia, pero faltan las dos ramas más importantes, y aunque parezca mentira, las más complicadas, al menos a mi parecer. La cuarta rama es la de los personajes. Sí, han salido en prácticamente cada una de las ramas que he mencionado, y, aun así, tienen su propio punto, ¿por qué será? Puedo hablar paso a paso de la creación de personajes, de los tipos de personajes, desglosar y explicar por partes una ficha de creación básica, pero esa información está al alcance de todos y todo lo que pueda decir es probablemente redundante.
Sin embargo, sí voy a hablar de su desarrollo, su evolución. Creadlos con motivaciones, profundidad y crecimiento psicológico. Que tengan un pasado, un objetivo y una descripción física, más o menos desarrollada. Hay que categorizar el tipo de personaje y cómo los personajes han ido evolucionando a lo largo de la historia. Antes el protagonista y antagonista estaban muy marcados, algo típico de cuentos de princesas y películas Disney que todos hemos visto, como La sirenita, Blancanieves o La bella durmiente. ¿Qué tienen en común todas ellas? Una princesa protagonista con un objetivo simple y una bruja villana mala malísima con otro mismo objetivo simple marcado.
Una historia fácil con unos personajes que ahora todos tenemos asociados a determinados clichés. Estos personajes son el hilo conductor encargados de presentar su historia, su pasado, sus motivaciones, problemas, objetivos y con los que necesitas empatizar de principio a fin, para bien o para mal. ¿Qué pasa hoy en día con esos antagonistas? Hemos evolucionado de un modo en que ahora el villano ya no es la bruja tal y como la conocíamos.
Nos hemos dado cuenta de que no es necesario un antagonista malvado para crear una historia donde haya crecimiento personal. No hay necesidad de hechiceros o villanos. Comparemos con historias más actuales, Red o Encanto, donde el conflicto en realidad es familiar.
En algún punto de la historia, se culpa al supuesto antagonista, pero ya no es un villano como los que conocíamos hasta el momento. Ya no es una persona malvada porque sí, ya sea por venganza, ambición o sus ansías de poder u de doblegar al mundo a su voluntad porque puede. Ahora se le da la misma importancia al desarrollo del antagonista que al del protagonista. Tiene motivos, un pasado, una evolución, no actúa por simple odio, amor o venganza, tiene una razón de ser y acompaña al protagonista durante su propio crecimiento y con su conflicto, ya sea obstaculizándolo o no. ¿Qué hay de los personajes de Inside out? ¿De quién es la culpa?
Es la misma protagonista de la historia quien inculpa de todos los problemas a otro de los personajes principales. Al final, te están conduciendo por una historia sin villano, pero que tiene unas enseñanzas y una evolución de personaje de principio a fin. Y es que los personajes y sus tipos pueden desdibujarse en toda historia, los que antes eran los monstruos ahora son los personajes principales de nuestras historias, como en Shrek o Monstruos S.A.

Las bases de la historia siguen siendo las mismas, pero quienes nos llevan por la historia son monstruos, literalmente, y, pese a eso, logran crear una conexión con el espectador, que empaticemos y les dejamos que nos cuenten su aventura. Nos da igual ver a brujas siendo heroínas o a niños salvando el mundo de los alienígenas mientras seamos capaces de conectar.
Es crucial desarrollar a tus personajes junto con la historia. Un viaje vacío del punto «A» al punto «B» no vale nada si a pesar de lograr el objetivo el contenido está vacío. Puedes acabar con un mundo visualmente precioso y espectacular, pero si la historia y los personajes no aportan nada, el resultado será insulso y negativo. Por ejemplo, Frozen 2, los personajes no aprenden nada, no hay consecuencias ni enseñanzas para el espectador (sea o no ya conocida). Toda acción tiene su reacción, de nada sirve que ocurran muchísimas cosas si ninguna de ellas repercute en ninguna consecuencia para ninguna de las protagonistas. Lograr el objetivo sin transformación ni consecuencias para los personajes o el mundo que los rodea es un gran error.
Ahora que ya tenemos algunos ejemplos en mente, y un poco la evolución de los personajes y sus historias, independientemente de si os han gustado o no las películas mencionadas, ahí no me meto, estamos de acuerdo en que los prototipos de personajes han evolucionado y que son una base y una referencia a la hora de desarrollar nuevos. Estamos hartos de ver clichés y personajes base reutilizados continuamente en todas partes, ¿quién muere primero en todas las películas de terror? ¿Quién se queda a la chica en todas las películas de acción? ¿Qué personajes acabarán juntos en determinadas historias? ¿Está mal usarlo? ¡No! Rotundamente no.
Son fórmulas que sabes que van a funcionar y aunque en ciertos momentos sea predecible, lo vas a ver venir, está en tu mano como creador aportar algo nuevo y sumarle algo a tu personaje. La rubia tonta que al final no es tan tonta, ¿por qué? ¿Qué extras le has puesto a ese personaje para que sea querido? Según la historia que quieras contar desarrollarás a ese personaje para cumplir sus objetivos a su manera, su base es esa que quieres reutilizar de otros formatos en los que ha funcionado, pero no es una copia.
Porque el personaje principal de Raya y el último dragón como tal, no funcionaría en Vaiana, aunque la base sea la misma: dos heroínas que tienen que salvar algo o alguien. Trabaja en profundidad todos y cada uno de los personajes, también los secundarios, estos son los que aportarán riqueza a la historia y completarán a tus protagonistas, sus flaquezas, sus fortalezas, pueden ser sus guías, su motivación para el viaje o, incluso, la culpa del mismo.
Sea como sea, los personajes secundarios son cruciales para la historia y para los principales, por lo que tienes que asegurarte de que sumen a la historia. No vale de nada tener muchos personajes entrando y saliendo en la historia si no tienen relevancia ninguna. Los secundarios tienen que ser personajes muy marcados y con un objetivo y motivación claros. Su objetivo puede ser el mismo que el del protagonista, aunque sea por motivos distintos, como un amor incondicional. Si su función es acompañar al protagonista, hay que tener claro el porqué.

Si se va a crear cualquier tipo de relación entre el secundario y el protagonista, tenemos que conocer su finalidad, no todos los secundarios son relleno. Si se les trata como tal, lo único que hacemos es perder valor en la historia, empatía y credibilidad. Hay que trabajar todos los personajes, por supuesto algunos requieren más dedicación que otros, pero no por ello los que menos vemos son los menos importantes.
Por último y para cerrar el mapa conceptual que hará la base de nuestra historia debemos responder a: ¿de qué trata la historia y cómo la monto? La trama. Requiere mucho trabajo, análisis y desarrollo y hay múltiples metodologías para ello, todo depende del tipo de escritor que seas: de mapa, de escaleta, de brújula… La trama se tiene que trabajar mucho, es tu historia y el qué y cómo quieres contarlo. Necesitas estructurarlo de tal forma que no sea lineal, hay que encontrar el equilibrio de emociones y mantener un ritmo que no aborrezca ni estrese al espectador, pero me he quedado sin palabras, así que tendré que contároslo en otra ocasión.
Soy Nuria L. Subires @realisticamenterubia, productora de animación 3D y escritora de títulos como “Los melodramas de una rubia desgraciada” y “De lado a lado al otro lado”. Quisiera dar las gracias a mis compañeras Marisa y Cristina, por poder contar siempre con ellas entre letras. Y, por supuesto, Marco, gracias por dejarme dar la chapa en: Renderout!

AUTORA
Production Supervisor – Escritora.