ARCO: Un viaje cromático entre el pasado y el futuro

El nuevo largometraje de Ugo Bienvenu, ganador del Cristal en Annecy y producido por Natalie Portman, es una de esas películas de animación que te hace sentir desde el primer fotograma.

La historia es sencilla: Arco, un niño del futuro, viaja accidentalmente al pasado y conoce a Iris. A partir de ese encuentro fortuito, Bienvenu teje una historia sobre la amistad, la esperanza y nuestra relación con el futuro.


El lenguaje del color

Los nombres ya lo dicen todo: Arco e Iris forman juntos el arcoíris, un puente entre dos mundos. Arco viste con los colores del espectro luminoso; su capa blanca representa la suma de todos los colores luz, la esperanza de infinitas posibilidades. Iris lleva tonos terrenales y apagados, anclada al presente.

El nombre de Iris esconde varias capas de significado: fisiológicamente, el iris regula la luz que entra en nuestro ojo. En la película, Iris es quien ve primero a Arco, quien le da existencia en su mundo. En la mitología griega, Iris es la mensajera que conecta el cielo y la tierra, exactamente su función en esta historia.

«Bienvenu lleva esta atención al color hasta el último detalle. Por ejemplo, los tres hombres que persiguen a Arco visten de azul, rojo y amarillo (los primarios de la síntesis sustractiva), pero sus gafas psicodélicas con colores del arcoíris parecen mirar al futuro».


La ambigüedad como virtud

La película subvierte constantemente nuestras expectativas. Los perseguidores resultan ser protectores, y el robot de ojos rojos, que parece amenazante, termina siendo un compañero tratado con humanidad.

Al final, surge la gran pregunta: ¿y si Arco fuera la respuesta imaginaria de Iris a su propia inquietud sobre a dónde van los pájaros durante las tormentas? ¿Y si esa ciudad en las nubes naciera de su ilusión por un futuro mejor?

Pero la película deja claro que no importa la respuesta “correcta”. Lo importante es que el deseo de Iris se cumple: “que las cosas cambien”. A través de varias fotografías vemos cómo sus padres se vuelven más presentes, y finalmente la vemos diseñando el futuro, creando las casas de ese mundo que quizá imaginó de niña. Porque la creatividad infantil, cuando se protege y cultiva, construye el mañana.


Un espejo de nuestro presente

Cuando los padres de Iris aparecen como hologramas, es imposible no pensar en nuestra hiperconectividad: mil herramientas para comunicarnos, pero más lejos que nunca. En su mundo, las catástrofes se han normalizado al igual que en el nuestro; la sobreexposición de información nos ha generado anestesia emocional.

Arco nos recuerda que el futuro no está escrito. Lo estamos imaginando ahora mismo. Si una niña puede soñar con ciudades en las nubes donde refugiarse de las tormentas, quizá nosotros también podamos imaginar formas más luminosas de habitar el mundo que viene.

AUTORA

Irene Cerezo

Directora creativa | Diseñadora
Redactora y editora creativa en Renderout!

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