Animación 3D, VFX y cine
desde dentro de la industria.
Llevo trabajando en la industrian durante varias décadas y he tenido la suerte de desarrollarme como artista tradicional y luego “transicionar”, hace muchísimo, al arte digital. He oído en infinidad de ocasiones que la IA es una mera herramienta, pero lo más importante: ¿por qué necesitamos una herramienta que nos agilice los procesos artísticos? Estoy convencido de que, al menos por parte del colectivo de artistas, no proviene esa necesidad.

Habremos escuchado una infinidad de veces que la IA viene para quedarse, que hay que aceptar el cambio, que lo que viene es inevitable… Es cierto que la IA ha llegado como un terremoto, sacudiendo profesiones que hasta hace poco pensábamos que durarían toda la vida. En este pequeño artículo tan solo pretendo mostrar lo que opino de ella, con las sombras y luces que pudiera tener y, sobre todo, cómo ha afectado a tantos profesionales. Lo que detallaré a continuación es el uso de la inteligencia generativa en el ámbito del arte, llámese “concept art”, ilustración, pasando incluso por la música o la escritura.
Obviamente, mi posición como artista me sitúa en contra del uso de la inteligencia artificial, al menos como “herramienta total”. No sé qué nos deparará el futuro o si todos tendremos que terminar aceptando que puede ser una aliada si se usa con precaución y cabeza. También digo que, para mí, la creación de una pieza artística nada tiene que ver con los tiempos, la agilidad o la inmediatez. Creo que, como la buena comida, todo debe tener sus “tiempos de cocción”, una especie de ensayo y error que es lo que nos conduce a un fin, inesperado en muchas ocasiones. Puedo entender que, en ciertos ámbitos como en el cine, el tiempo es dinero, pero ya se ha demostrado que, en general, los diseños creados con IA, en la mayoría de las ocasiones, solo nos generan indiferencia. No me cabe la menor duda que la implementación a gran escala de contenido generado con Inteligencia Artificial Generativa, proviene más de los productores y directivos que buscan abaratar costos, y de paso agilizar producciones.
He tenido que escuchar en muchas ocasiones que el fin justifica los medios. Prácticamente a diario leo a otros profesionales que no tienen dinero para poder afrontar los gastos mínimos. Ante todo, somos humanos, y priorizar el avance por encima de las personas me produce una profunda tristeza. Para mí al menos no todo vale.
Este artículo no pretende ser una carta de amor trágica ni un arma política contra el uso de la IA. Lo único que espero es que, como pasa con todas las nuevas herramientas, se estabilice, se pueda regular y, ante todo, se valore el arte humano, que además es con el que se ha entrenado a las IAs. No importa que sea tradicional o digital: cuando se dibuja en Photoshop hay que hacerlo trazo a trazo; cuando se esculpe digitalmente, hay que añadir, arañar y mover plastilina digital. Es un proceso de autodescubrimiento, en mi caso concreto, en ocasiones he comenzado un trabajo (ya sea personal o profesional) y ha terminado evolucionando hasta algo totalmente insospechado.

Posiblemente los que menos están concienciados son aquellos ajenos a la profesión, sin saber que a las IAs se las entrenó con todo el material al alcance, mucho de él protegido por leyes de propiedad intelectual. He oído en muchos sitios que es el mayor robo jamás realizado en la historia de la humanidad. Es más: justo ahora hay un mega-juicio que ha iniciado Disney y Universal contra Midjourney. Es la primera vez que grandes estudios de Hollywood demandan a una empresa de IA por infracción de propiedad intelectual en imágenes generadas, lo que lo convierte en un caso emblemático. Habrá que ver cómo termina.
Hace unos meses tuve la oportunidad de ser invitado a un evento llamado BIM, cuyo tema central giraba en torno a las tecnologías disruptivas y la inteligencia artificial. Me convocaron para participar en el debate “Futuro de la IA: Utopía vs Distopía”, fue una experiencia muy especial. Curiosamente la mayoría de los asistentes no habían pensado en las consecuencias y el mal uso aplicado a las IAs.
Compartí escenario con un gran experto en la materia de IA, Youssouf Traoré, inversor y emprendedor en “deep-tech” con una sólida trayectoria en capital de riesgo, inteligencia artificial, computación cuántica y transferencia tecnológica, quien defendió una visión optimista y transformadora del futuro de la IA; fue una conferencia enriquecedora en la que pude aportar mi visión, y sobre todo mi experiencia para poder visibilizar todas las consecuencias derivadas de un uso no ético de las nuevas herramientas, en especial los riesgos éticos y los desafíos en la interacción entre la creatividad humana y la tecnología. La consultora Ranstad, prevé que solamente en España se destruyan alrededor del 10% del empleo en menos de una década.
El intercambio fue tan enriquecedor como intenso, confrontamos visiones opuestas sobre el impacto de la inteligencia artificial, explorando tanto su enorme potencial revolucionario como las precauciones necesarias en su desarrollo. Para mí, fue un debate que dejó una huella muy clara, no solo entre los asistentes, sino también en mi manera de reflexionar sobre hacia dónde nos dirigimos como sociedad. Creo que Youssouf fue muy consciente de las cosas que deberíamos de legislar y cuidar para no caer en graves errores. Imaginad hasta qué punto han sido difíciles estos últimos años para los profesionales de este, nuestro mundo. Pasamos por una pandemia, sufrimos los impactos de las huelgas de guionistas y actores de la industria norte americana y para colmo la revolución IA. Esta última posiblemente haya sido el cambio más grande de paradigma en el mundo moderno, puedo arriesgarme a decir que muchísimo más importante y profundo que la revolución industrial. Por tal motivo debemos ser extremadamente cautos.
El año pasado asistí a Mundos Digitales, fue mi primera vez y una experiencia increíble. Allí tuve la suerte de conocer a grandes profesionales, pero, sobre todo, pude conocer de la mano de Lucasfilms, el método que utilizaron para realizar el proceso de rejuvenecimiento de Harrison Ford en la última película de Indiana Jones. En ese caso en concreto tenían un programa propio de inteligencia artificial instalado de manera local (en sus propias máquinas y no dependientes de ninguna nube), y lo entrenaron con una cantidad abrumadora de pases de renders de la cabeza que habían modelado y texturizado.
Ahí pude descubrir un uso ético de la IA. La verdad es que el proceso fue súper interesante y pude apreciar que hay maneras y maneras de usar la inteligencia artificial. Hace poco me enteré de que incluso en la maravillosa serie de “El Eternauta”, habían usado la IA para agilizar una explosión o destrozo de uno de los edificios que salen en el show.

Por otro lado, ha ocurrido algo extremadamente peculiar. Aunque mediante “prompts” podemos “simular” el estilo de prácticamente cualquier artista, las ilustraciones o “concept art” generados por IA suelen tener un “aura” muy particular que los hace fácilmente reconocibles. Esto ha pasado factura a determinados artistas que, de manera implacable, han sido “fusilados” por la IA. Profesionales que habían desarrollado a lo largo de los años un estilo inconfundible y único, hoy ven cómo, cada vez que publican una nueva obra, muchos usuarios asumen que fue creada por una máquina y no por ellos. Me refiero a grandes nombres como Stanley “Artgerm” Lau, Karla Ortiz, Mike Winkelmann (alias Beeple) o Lois van Baarle (Loish), por nombrar solo a algunos.
Creo que la IA, en el futuro y bien usada como herramienta y no como sustitución humana, puede hacernos más competitivos. Incluso en ocasiones tengo la certeza que usamos programas y APPs que usan dicha tecnología, pero, no terminamos de ser conscientes de ello. Vuelvo a reafirmarme cuando digo que sólo hablo de aquello que conozco de más cerca y me compete, sé que la IA traerá muchísimos avances en los campos de la medicina, automoción, industria aeroespacial, no sabemos hasta cuánto va a afectar a nuestras vidas y nuestro día a día hasta que pasen unos años. Aunque es cierto que la velocidad que va alcanzando es abrumadora y no nos está permitiendo adaptarnos o adecuarnos, ni profesionalmente, ni legalmente.
Siempre que doy una charla, suele ser súper común que me pregunten por el tema de la IA, en mi caso en concreto no he notado especialmente que haya perdido trabajos por este motivo. Charlando con otros amigos y compañeros de profesión, llegábamos a la conclusión que el cliente que ha dejado de contar con profesionales suele ser el cliente con menos recursos financieros, para ellos el dinero “extra” que han de desembolsar suele ser un factor determinante. Es el perfil de cliente que más se ha echado en falta.
Las grandes producciones y compañías siguen necesitando y prefiriendo artistas humanos, el decir que detrás de un buen trabajo hay un buen artista humano es un factor diferenciador que hace valorar más el producto final. Amén de que, claro está, las obras realizadas mediante IA hasta la fecha no se pueden registrar, puesto que no se consideran realizadas por un humano.
Hay un artículo muy interesante de Mustafá Suleyman, el CEO de Microsoft AI, en el que hace mención de un problema que se está agravando en algunas personas, lo que han denominado “Psicosis de IA”, una condición que afecta a muchos usuarios que relacionan e interactúan tanto con la IA que terminan generando una dependencia insana, llegando incluso a perder el contacto con la realidad. Según Suleyman, las IA que imitan características humanas, como empatía, memoria detallada o una personalidad coherente, pueden convencer a algunos usuarios de que la IA es consciente, lo que podría provocar comportamientos dependientes, creencias delirantes o vínculos emocionales profundos. Esto podría distorsionar las prioridades morales y erosionar los lazos sociales.

Hay mucha gente que piensa que está bien democratizar todo lo relacionado con el arte, que cualquiera pueda cantar, ilustrar lo que imagina o componer canciones. El problema surge cuando usuarios sin experiencia empiezan a crear de manera indiscriminada, sin formación alguna y, en la mayoría de los casos, sin un ojo crítico. Ahí es cuando comienza la depreciación del estándar. Puede sonar grandilocuente, pero déjame aclararlo: cuando lo generado por IA aparezca por todas partes y terminemos interiorizando que eso es “lo correcto”, independientemente de que esté bien, mal o con defectos de perspectiva, anatomía o composición, estaremos corriendo el riesgo de que el nivel de excelencia caiga. Esto se aplica al ámbito profesional; no estoy diciendo, que alguien deba tener formación artística para hacer un meme.
En mi caso concreto, y no pretendo hablar en nombre de todos, aunque sí de muchos amigos con quienes he debatido largo y tendido, no hay que olvidar que el arte es desafío, crecimiento y revolución. No permitamos que una de las cosas más especiales que podemos crear los humanos nos sea arrebatada. Muchas de las mejores obras de la historia son fruto del error humano, porque, por muy bien que la IA intente imitarnos, y aun a riesgo de sonar romántico, nosotros aportamos a esa ecuación nuestros sentimientos, nuestras vivencias, nuestro estado de ánimo; en definitiva, una pequeña parte de nuestro ser.
Me gustaría dar un pequeño consejo o recomendación a cualquier persona que ame este mundillo y que esté tentada a recurrir a una IA. Es muy llamativa, lo sé. Pero si invertimos tiempo en cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, ¿por qué no dedicarle tiempo a conocer los fundamentos del arte? A entender cómo ha influido en la historia, cómo ha logrado ser valiente, feroz y decisivo denunciando tantas injusticias. Hoy tenemos acceso a infinidad de tutoriales en internet, clases y cursos con profesionales increíbles.
«Es bonito darse la oportunidad de conocer el mundo del arte, y si en algún momento decides usar una herramienta de IA, lo harás desde el conocimiento: entenderás cómo funciona, cómo domarla y, sobre todo, serás la persona que lleva la batuta, no un mero espectador aceptando los resultados que te escupa la máquina».
Muchas gracias a Marco Delgado por permitirme expresar mi punto de vista sobre estas nuevas herramientas que, por descontado, cambiarán el mundo y nuestras profesiones. Veremos qué nos depara el futuro.
Digo adiós con un bonito refrán que uso muchísimo… “El arte no es necesario para sobrevivir, pero sí para vivir”.

AUTOR
Concept artist • Sculptor • Filmmaker